20101121

Bienvenida soledad.(3)


Jueves 14 de Septiembre un día que parece estar dándole la bienvenida a la anhelada primavera (la verdad solo me importa por algo muy sencillo, odio el frio y tener que ponerme muchas prendas, una sobre la otra para capearlo un poco, pero a fin de cuentas aún sientes demasiado hielo en tus huesos) el sol brilla y poco a poco se ve como los árboles se arman de hojas y dejan en el ambiente esporas que se esfuerzan en encontrar tierra fértil dentro de la Ciudad.
Luego de salir de la universidad me paso directamente al trabajo, es una moderna librería con sucursales en muchas partes de la capital, además de vender las últimas novelas, enciclopedias y revistas, también venden Cd's musicales y películas y para que aquello sea poco también funciona de cafetería y pobre restaurant. Es un negocio bastante completo, aquí paso la mayoría de mis ratos libres trabajando tras el mostrador realizando las ventas, es de lo más extraño del mundo, en la misma caja dónde puedes pagar por la última novela que ah sido publicada también puedes pagar un café o una tabla (de muy mala pinta) con lo que quieras en ella, mariscos, pescado, pollo, carne de vacuno o cerdo
en fin, muchas variedades de carnes y verduras. Se me da bien trabajar detrás del aparador cobrando los pedidos o los productos, de esa forma a veces puedes llegar a conocer personas de lo más raras, pero aquellas conversaciones son expresas y quizás por eso mismo nunca llegan a algo más.
Una vez llego una joven de alrededor de unos 17 años o quizás 18, se paseó por todas las estanterías revisándolas de un extremo a otro, con extremo cuidado observaba cada título y así luego de estar paseando de estantería a estantería unos 20 minutos se me acerco.

-Oye, disculpa.- hizo una pausa para tragar saliva y continuo hablando.- ¿Sabes? Estoy un tanto complicada, la verdad es que ando buscando un buen libro, pero yo poco leo, apenas tengo el tiempo, ¡pero no creas que es porque no me gusta!.- dijo ella, seguramente para que yo no pensara que era una persona tonta o algo por el estilo.
Entre mis manos se encontraba After dark una novela de Haruki Murakami, un escritor contemporáneo japonés, la dejé sobre el mesón y fije la mirada en ella, tenía el pelo castaño, una tez trigueña, y ojos color pardo, vestía una polera de Snoopy y aquel pajarito amarillo que era su amigo, en la imagen el perro volaba en su casa con unos lentes de aviador puestos y debajo de el se veía como ese pajarito amarillo agitaba un pañuelo despidiéndose de el, jeans color beige y unas zapatillas de lona marca converse.
-Pues aquí encontraras de seguro muchos libros ¿no crees?.- Pase mi mano izquierda por la parte de atrás de mi pelo y agregué.- Yo te puedo ayudar a buscar uno ideal para cada situación creo, como trabajo aquí lo que mas hago es leerme la mayoría de los libros que llegan, pero ¿para que lo necesitas o para que lo quieres?- dije tratando de parecer más simpático, debido a que pensé que no respondí como debía hacerlo. Dentro del local sonaba la canción Creep accoustic version de Radiohead (preocuparse de las canciones que creaban el ambiente también era labor mía y me gustaba mucho hacerlo).
- No creo que sea tan complicado después de todo, busco un libro para regalárselo a alguien.- pego una hojeada a través del local y continuo.- Mi papá va a estar de cumpleaños mañana y yo sé que le gusta leer, pero la verdad no sé que lee, cuando está en la casa  es lo único que hace, no ve tele ni nada, entonces por eso creo que es lo que más le gusta hacer, no hablo mucho con el pues se la pasa leyendo y yo haciendo mi vida como cualquier joven, ¡dando vueltas y todo eso!, ¡ahhhhh! Me desvirtué del tema, la cuestión es sencilla, necesito un libro para el.- término de hablar y me miro fijamente esperando respuesta.
-. Supongo que tu papá bordeara los 35 o 40 años, así que...
- ¡¿Y eso como lo sabes?!- me interrumpió antes de poder terminar de hablar.
- La verdad no lo sé, solo lo supongo, ¿Me equivoque?- dije un tanto sorprendido por su repentina interrupción.
- Estás en lo correcto mañana cumplirá 38 años y es arquitecto de una empresa inmobiliaria y está separado hace 3 años, ¿Que tienes para un hombre con esas características?- dijo muy tranquilamente, una vez se le había pasado la euforia de mi predicción.
Tras pensarlo un poco y como mi edad esta un tanto lejos de ser 38 años, desconocía que clase de gustos podría llegar a tener estando divorciado hace tres años y por lo menos con una hija bastante enérgica.
-La ronda de las manos ajenas o como lo vendemos nosotros Queda estrictamente Prohibido, supongo que ese será un buen libro para el.- dije tras pensármelo unos 30 segundos, la verdad solo dije un libro que a mi me gustara, luego agregue.- Es una novela Chilena y su autor es un conocido dramaturgo llamado Juan Radrigan, uno de los grandes a mi parecer, es bastante corta de unas 90 páginas por lo mismo tampoco vale mucho, pero en cuanto a lo que trata es bastante extraño, no conozco a alguien que la haya leído y no le haya gustado.- dije terminando de convencerla, la verdad tampoco conocía a nadie que la hubiera leído.
- Está bien, me lo llevo, pero si no le gusta será tu culpa.- dijo desafiándome y excusándose de toda culpa que aquella recomendación mía podría haberle traído.
- La verdad no sé que culpa será mía, después de todo tu me pediste ayuda y solo lo hice como lo pensé, en fin ven.- Salí de detrás del mostrador y camine hasta una de las estanterías, tomé el libro y se dí.- Aquí está, en la portada salía una puerta cerrada con unas huinchas que decían Queda estrictamente prohibido y así volví detrás del mostrador, ella me devolvió el libro.
- ¿Cuanto cuesta?-pregunto tímidamente.
- Son sólo tres mil quinientos ¿Quieres que lo envuelva para regalo?- le ofrecí
No gracias, esa parte me gusta hacerla a mi.- dijo mientras sacaba el dinero de su billetera y pagaba.
Metí el libro en una bolsa, se lo entregué y dije.
- Gracias por la compra, vuelve cuando quieras.- como rutina debo decir aquello a todos los clientes.
- De nada, oye... ¿Te puedo preguntar algo?- dijo, mientras guardaba el libro
- Así como vas, ya lo estás haciendo, pero te permito otra pregunta.- dije mientras miraba su polera de Snoopy.
- ¿Te molesta si es que paso uno de estos días a contarte si le gusto a mi papá el libro?.- dijo, hablando con timidez.
- Para nada, pásate cuando quieras y ojalá a tu papi le guste el libro.- dije esbozando una pequeña sonrisa.- Que te vaya bien.- agregue, despidiéndome con la mano.
- Gracias, a ti también, vendré apenas mi papá se termine el libro.- en su rostro de seria se dibujo una pequeña sonrisa y se marchó. Eso debe haber pasado hace una semana quizás o un poco más, pero hoy en día poco a poco me eh ido despreocupando de las fechas o para ser las exactos, eh ido olvidando las cosas que pasan alrededor de mi vida, los días en los cuales me eh sumergido en este mundo son todos iguales, es algo que me parece terrible, para un joven de 24 años de edad, el tedió ciudadano se me ah hecho costumbre y personalmente, pensé que aquellas cosas solo pasaban ya entrada la década de los cuarenta o cincuenta años. Particularmente hoy la tienda estaba vacía, una pareja estaba sacando café de la máquina y un tipo con aires de rey misterio estaba en una de las mesas bebiendo un café y leyendo El Extranjero de Albert Camus, por los parlantes sonaba Where is my mind cover version de Placebo y ya a la hora punta lo único que se veía por fuera de las puertas de vidrio era el apresurado correr de la gente que solo anhela llegar a su casa, siempre me eh preguntado que es eso tan importante que los hace querer llegar rápido, eso que si no se van todos juntos como una manada parecieran desaparecer, nunca eh entendido el estrés y mucho menos los ritmos acelerados de vida, para mi todo pasa a su tiempo y bueno, como nunca tengo nada que hacer, poco me importa perder el tiempo esperando un bus vacío a mi casa, pero supongo que hay gente con vidas más activas y por algún motivo, aman correr por las calles de Santiago.
El reloj marca las 22 horas y aquella joven de la otra vez no volvió, puede ser que al papá no le haya gustado el libro o simplemente se arrepintió de haber dicho lo que dijo, incluso con otras cosas más raras podría tratarse de que sufrió un accidente y ahora se encuentre hospitalizada, la verdad esa es la que menos creo, supongo que cosas como esas pasan todos los días pero apenas conozco gente que les pase, debe ser como ganarse la Lotería, casi siempre alguien la gana pero viviendo en un país con 17 millones de habitantes es difícil que conozca al ganador, la misma mecánica de los accidentes, supongo. No me molesta salir tarde del Local, para mi entre más tiempo pierda haciendo cosas, más rápido pasa el tiempo, y así también la vida, un tiempo después de haber comenzado a trabajar aquí me empezó a encargar del cierre del local, dejar todo limpio, así facilitándole la labor a la cocinera, que después de todo hace mucho más que yo, generalmente mucha gente se pasa por aquí a la hora de almuerzo y eso debe darle mucho trabajo, y como lo veo, trabajo en el que no le ayudo en nada por eso siempre agradece que yo limpie el local, después de todo solo somos dos personas las que trabajan ahí y con eso basta.

Llegue a la casa tras un pequeño viaje de 30 minutos en bus, y 10 minutos caminando lentamente como si de verdad el tiempo no existiera y para mi es evidente, de verdad no existe. Encendí un cigarrillo sentado en un pequeño sillón verde del living, todo lo que había en mi casa tenía una pequeña capa de polvo y tierra la verdad no sé cuando habrá sido la última vez que lo limpie, pero eso ya no lo recordaré por más que intente, bajo mi lógica no necesito ordenar la casa, vivo solo hace ya 2 años, y de rara vez tengo visitas, trato de pasar el mayor tiempo posible fuera de ella y así, supongo que solo debo limpiarla para evitar a las cucarachas. Con la mirada perdida en la luz del techo y el cigarro prácticamente pegado en mi boca me pregunte hasta cuando duraría todo esto; un año, tal vez dos o quizás tres, desde que mi autoexilio hace ya casi dos años dejé de hablar con la gente que me rodeaba y así todo esto se comenzó a transformarse en algo extraño, en una sensación perdida dentro de mí, la verdad si tengo lazos con amigos pero aquellas cosas son simplemente con el fin de evadirme de la realidad, emborracharme en compañía y no solo dentro de una habitación polvorienta como la mía.
Tras un tiempo de reflexión en el sillón prendí la radio y un cigarrillo, me preparé una sopa instantánea marca Maruchan sabor a carne y un té verde, luego de comer abrí una croquera dónde se me había hecho habito escribir y marqué:

No tengo recuerdos de los días, estos pasan y solo pasan
es el camino que siempre he recorrido
y ella jamás volverá a este lugar.

Tras esas cortas oraciones me lave los dientes y me tumbe en la cama. Dormí fácilmente, porque está noche no hable conmigo mismo tantas horas.

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