En ocasiones siempre creía que tenía todo lo que quería, no soy una mujer exigente a la que le importen los autos de lujo, las joyas de diamante africano o los lavados de marfil y ese tipo cosas, si podíamos compartir la misma bicicleta poco me importaba ir un tanto incomoda, solo era para llegar más rápido pues las cosas siempre marcharon de esa forma, un pendiente o un anillo con una joya de fantasía, ¿Que más podía pedir en ese entonces? Pero las cosas cambian, la gente, la ciudad, el mundo que creé día a día cuando era una pequeña poco a poco se vio obstruido por las nubes del olvido y así jamás podría volver a los brazos de alguien a quien siempre querré y ya no se siquiera quien es, perdido en las inmensas nubes que han nublado mis turbios recuerdos.
Domingo 10 de septiembre en la casa dónde siempre eh vivido con mis padres, un viejo barrio de la comuna La Cisterna, de la poca belleza que podía tener aquel barrio, por sus viejas casas y patios enormes, de ello ya casi nada queda. Los días domingos son todos iguales, mi madre me despierta para desayunar, dependiendo si lo hice ayer o no me lavo el pelo, voy a la feria a comprar chicherías, ropa que necesite como lencería, una polera bonita y cosas por el estilo más tarde espero el almuerzo escuchando música y pasándome un par de horas en el computador. El almuerzo es siempre igual, mi papá en la cabecera a su derecha mi mamá en la mesa y en la izquierda del yo, un mantel de color rojo en una pequeña mesa ubicada en la cocina frente a un televisor de veintiún pulgadas a color, mi papá se adueña del control remoto y vemos nada más que documentales de la cultura entretenida en el canal nacional, durante los comerciales la televisión se pone en silencio y es ahí cuando puedo darme cuenta de las cosas que pasan realmente, el sonido quizás a esta altura se vuelve más fuerte, los servicios chocan contra la loza, el choque de los cuchillos cortando la carne y nuestras bocas masticando todo en silencio, así es como son todos los almuerzos en esta casa, sumidos en el más grande los silencios familiares.
Durante la tarde me encierro en mi habitación, reviso los trabajos que tengo que preparar para la universidad, como alguna fruta y me la paso en el computador hasta que llegue la hora de once, dónde nuevamente mi mamá me llama, la misma mesa, la misma posición en ella y el mismo silencio, lo único que cambia realmente es el programa de televisión, ahora vemos el noticiario del domingo que mas o menos la mitad de este esta compuesto por la sección de deportes, nunca nadie dirije ninguna palabra, más que la necesaria como para acercarle el pan a alguien o cosas por el estilo y así bajo toda está indiferencia nos armamos los cuentos de que somos una familia muy unida, tal vez sea verdad, pero a la vez somos de las mas silenciosas que eh conocido.
En lo que resta de noche nada cambia realmente, me las paso frente al computador revisando cualquier cosa que se me venga a la mente, escuchando las canciones que me gustan escribiendo uno que otro poema de amor hacía alguien que no vive en mi, hacia alguien que no conozco y que quizás en este mundo nunca llegué, inevitablemente durante la noche es cuando todos los días se terminan volviendo oscuros y uno reflexiona sobre como es que haz llegado a tal lugar de la vida, que cuando pequeña pareciera que tenía todo planeado pero nunca nada puede seguir igual, el amor, los amigos, las clases en la universidad, todo cambia en cuestión de meses, de años y ya a los 23 años a veces te pierdes un poco pensando en lo poco que haz conseguido ya en tu tercera década en este mundo y como viste que cientos de sueños que has tenido durante todo el tiempo se han ido y te han dejado descubierta, desnuda, vacilante bajo la luz de la luna sin saber que hacer cuando son las dos de la mañana y el aburrido día no consiguió gastar nada de tus energías. Al final del día cuando ya me dispuse a dormir escribí lo siguiente en una pequeña libreta que uso para anotar mis ideas y no olvidarlas ni abandonarlas en el camino:
¿Es que realmente estoy sintiendo lo que se supone que tengo que sentir?
¿Y para qué? Realmente nunca lo sabré
desde entonces lo único que eh hecho con mi vida ah sido nada
y eso ha sido suficiente como para encontrarme aquí, parada en la nada, esperando que alguien venga a buscarme, que alguien me saque de este silencio, de está casa y de está vida. Pero bueno, estoy estudiando para poder hacer aquello yo misma, sin la ayuda de nadie.
Domingo 10 de septiembre en la casa dónde siempre eh vivido con mis padres, un viejo barrio de la comuna La Cisterna, de la poca belleza que podía tener aquel barrio, por sus viejas casas y patios enormes, de ello ya casi nada queda. Los días domingos son todos iguales, mi madre me despierta para desayunar, dependiendo si lo hice ayer o no me lavo el pelo, voy a la feria a comprar chicherías, ropa que necesite como lencería, una polera bonita y cosas por el estilo más tarde espero el almuerzo escuchando música y pasándome un par de horas en el computador. El almuerzo es siempre igual, mi papá en la cabecera a su derecha mi mamá en la mesa y en la izquierda del yo, un mantel de color rojo en una pequeña mesa ubicada en la cocina frente a un televisor de veintiún pulgadas a color, mi papá se adueña del control remoto y vemos nada más que documentales de la cultura entretenida en el canal nacional, durante los comerciales la televisión se pone en silencio y es ahí cuando puedo darme cuenta de las cosas que pasan realmente, el sonido quizás a esta altura se vuelve más fuerte, los servicios chocan contra la loza, el choque de los cuchillos cortando la carne y nuestras bocas masticando todo en silencio, así es como son todos los almuerzos en esta casa, sumidos en el más grande los silencios familiares.
Durante la tarde me encierro en mi habitación, reviso los trabajos que tengo que preparar para la universidad, como alguna fruta y me la paso en el computador hasta que llegue la hora de once, dónde nuevamente mi mamá me llama, la misma mesa, la misma posición en ella y el mismo silencio, lo único que cambia realmente es el programa de televisión, ahora vemos el noticiario del domingo que mas o menos la mitad de este esta compuesto por la sección de deportes, nunca nadie dirije ninguna palabra, más que la necesaria como para acercarle el pan a alguien o cosas por el estilo y así bajo toda está indiferencia nos armamos los cuentos de que somos una familia muy unida, tal vez sea verdad, pero a la vez somos de las mas silenciosas que eh conocido.
En lo que resta de noche nada cambia realmente, me las paso frente al computador revisando cualquier cosa que se me venga a la mente, escuchando las canciones que me gustan escribiendo uno que otro poema de amor hacía alguien que no vive en mi, hacia alguien que no conozco y que quizás en este mundo nunca llegué, inevitablemente durante la noche es cuando todos los días se terminan volviendo oscuros y uno reflexiona sobre como es que haz llegado a tal lugar de la vida, que cuando pequeña pareciera que tenía todo planeado pero nunca nada puede seguir igual, el amor, los amigos, las clases en la universidad, todo cambia en cuestión de meses, de años y ya a los 23 años a veces te pierdes un poco pensando en lo poco que haz conseguido ya en tu tercera década en este mundo y como viste que cientos de sueños que has tenido durante todo el tiempo se han ido y te han dejado descubierta, desnuda, vacilante bajo la luz de la luna sin saber que hacer cuando son las dos de la mañana y el aburrido día no consiguió gastar nada de tus energías. Al final del día cuando ya me dispuse a dormir escribí lo siguiente en una pequeña libreta que uso para anotar mis ideas y no olvidarlas ni abandonarlas en el camino:
¿Es que realmente estoy sintiendo lo que se supone que tengo que sentir?
¿Y para qué? Realmente nunca lo sabré
desde entonces lo único que eh hecho con mi vida ah sido nada
y eso ha sido suficiente como para encontrarme aquí, parada en la nada, esperando que alguien venga a buscarme, que alguien me saque de este silencio, de está casa y de está vida. Pero bueno, estoy estudiando para poder hacer aquello yo misma, sin la ayuda de nadie.
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