20101121

Bienvenida soledad.


Naturalmente, todo seguiría su curso, a diario todas las funciones grabadas en mi cuerpo se ponían en marcha y dedicaba mis días a ellas, hacía lo que tenía que hacer como siempre y si a veces pensaba en otra cosa lo apartaba rápidamente de mi mente.
Durante mucho tiempo negué todos aquellos pensamientos y sentimientos, bebiendo, drogándome o paseando de cuando en cuando con cualquier mujer que así lo quisiera, así la vida pasaba y fue como viví todo mi último año de escolar y casi toda mi vida de universitario.

Era la tarde del 10 de septiembre en la comuna de la Cisterna, un pitido exasperante retumbaba dentro de mi cabeza y un martillo parecía estar golpeándola por dentro, evidentemente aquello se llama resaca. Dos horas tendido sobre mi cama observando el techo luego de despertar, levantándome simplemente para ir a baño, utilizar el retrete y beber agua (demasiada), un típico domingo por la tarde, dónde el fulgor de la noche anterior iba esfumándose en la soledad del día, ¿Qué pasó entonces? Eso ni yo lo podría decir con exactitud, tal vez alguien me lo recuerde o me lo saque en cara mientras la semana siga su curso natural y mi cuerpo vuelva al modo automático.
A las Seis de la tarde me dispuse a prepararme el almuerzo, comer algo sencillo y rápido, opté por una sopa con fideos instantánea marca Maruchan. SHHH! Sonó la tetera como el primer pitido de un tren a punto de ponerse en marcha una noche dónde en la ciudad no existía nadie, solo una locomotora fantasma o eso me imaginé, apagué la cocina y entre tanto en tanto tres minutos parecen una eternidad (léase indicaciones de preparación sopa instanea Maruchan) cuando debes esperar tu almuerzo, con tanta tecnología me pregunté porqué aún me mantenía usando una vieja tetera para hervir el agua. Sabor a pollo, deshidratado, pero pollo marca la etiqueta del envasé acompañado del dibujo de una gallina, pase mi día domingo sin más como suelen serlo, Una larga espera para que algo ocurra temprano o más tarde, siendo un realista descarnado (o pesimista profesional) más tarde que temprano aquello que espero tal vez pasara cuando cumpla sesenta años.

Durante la noche, la brisa del viento soplaba suavemente sobre la ciudad y que, entre tanto silencio no sabría decir si realmente lo hacía, tal vez solo soplara en mi habitación, nunca me he creído capaz de generalizar una realidad que desconozco. Cambie muchas veces mi posición durante la noche, pero el resultado era el mismo, no podía dormir ni apartar los pensamientos ni sentimientos que aquella noche retumbaban en mi mente.

Esboce las palabras cuidadosamente, meticulosamente cada una pensada como debería, cada una planeada desde siempre, dentro de mi mente siempre existieron, en mis sueños siempre las manoseaba y no paraba de repetirlas, lo hice y dije:
-.Jamás me olvides por favor.- el motivo de aquellas palabras para mi era claro y tal cual como sonaba pudo haber tenido un efecto de trance dentro de las orejas de ella, el frió era algo que nos unía y nos llevaba a estar juntos, mas para mi era amor, mas que claro ella solo quería encender su mecha y que se explotaran sus virtudes.
-. Jamás lo haría, ¿como olvidarte?, una vez olvide un pequeño detalle de ti y me dolió y me sentía vacía, busque fotos y recuerdos hasta recordarlo y así me pude quedar tranquila.
Todo no mostraba una buena madrugada, el darle vueltas y vueltas a los mismos momentos una y otra vez era lo que me había traído hasta aquí, hasta esta noche dónde no puedo dormir y tampoco puedo llamar a nadie realmente sin parecer un tonto, como sea esa fue la última vez que la vi. Un calor inmenso dentro de mi estómago (probablemente revuelto por el exceso de alcohol) hacía desesperarme pero, como un acto mágico, de un momento a otro dormí toda la noche.

1 comentario:

Ornitorrinco dijo...

ella necesita que tú enciendas su mecha cuando ella lo requiera. Tal vez, sólo eres su zippo.

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