Alguna vez me dijiste: "Lamento que digas, lo mismo de ella,
eso de que ya no hay futuro y lentamente vas cavando tu propio agujero.
La verdad no me dolió porque lo dijera ella; sino yo".
Recuerdo haber caído en un pueblo que nadie recuerda,
solo en vagas expresiones tomé atención a un hecho muy curioso:
La civilización solo llegaba una vez a la semana en forma de papel
en un bus que solo por suerte pasaba por ahí
la brisa de la arena me nublaba los ojos, y tú dormías
la verdad yo no quería estar ahí y tú sí, insististe con tantas fuerzas, como para quedarte dormida.
Ambos despiertos o ambos soñando vimos como la arena
o el destino, casi taparon una civilización entera. Una civilización pobre
un pequeño agujero en una costa apartada del mundo.
La tierra es muy grande, me dijiste una vez que despertaste
En ese momento no lo entendí, creo que tu tampoco,
solo recuerdo haber visto un horizonte despejado cubierto de arena.
¿Recuerdas cuando creímos haber llegado al fin del mundo?
Tal vez teníamos razón, más allá no había nada más, pero la realidad
es que el mundo vuelve una y otra vez a ser el mismo, incluso cuando se acaba
y me pregunté cuando nos acabaríamos nosotros
un chapuzón en el agua, una costa baldía, el sol pegando sobre tu sonrisa y tus ojos perfectos
esa matrix que nunca me aceptaría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario