No es como que el tiempo diga
o que las palabras suenen
en un cajón putrefacto. Dónde te vi por última vez.
Habiendo pasado tantos días
teniendo tantas palabras, solo apareció la oscuridad
está es una suerte de carta que no existe
para que alguien que tampoco existe
pero sí existió y ya no está.
Estas son palabras que no tienen ningún sentido
para nadie más, y para mi tampoco
son solo el intento vacío de no sentirme tan vacío
o tan solo, que no es lo mismo, pero que se parece
a ese frío que en este instante me recorre la espalda.
Dicen que los espíritus cuando están en un lugar
dan escalofríos a los que están vivos.
Pero el llanto también da escalofríos y está vivo.
No sé cuanto de mi ya está muerto y cuanto
de mi se asoma a la realidad que vivimos todo el tiempo
que ya no parece real, que no parece ser
entonces no entiendo por qué creo que yo si soy
un algo que quedó en un espacio remoto
un ente que no come por placer
un nos sé que se extiende perdido entre distinto pasajes del internet.
Una iteración del día a día se expande y tu ya no estás.
Pero aún te veo y te escucho. Aún digo esas tontas palabras
que solías decir. Como cuando hablabas de vampiros
o de bananas. Esas conjugaciones como me piro vampiro
de panana banana. Estabas loca, pero nunca te lo quise decir
Tu ya lo sabías. No necesitabas saberlo porque no querías saberlo
Pero ahora no sé quien está más loco. Aunque sin duda soy yo
el más loco de los dos, pues tu estás muerta y yo no
tu ya no eres ni hablas ni piensas, solo te pudres, aunque no sé
cuanto tiempo tarda alguien en pudrirse. Imagino que tu cuerpo ya explotó
¿Por qué eso sucede en los cajones o no?
La gente explota. O eso escuché. Que te hinchaste, y estabas más gorda como nunca
o como tu habías dicho, tres kilos más, pero el aire no pesa.
los gusanos y la tierra sí. pero estabas protegida por ese atúd.
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