No la veía hace mucho tiempo. Recordaba vagamente los detalles de su rostro y si alguien me pidiese que lo describiera creo que tan solo me limitaria a hablar de la forma redonda de su cara. Pese a que por lo general la gente suele cambiar sus rutinas de vida ella estaba ahí, a la hora de siempre, esperando a alguien, no a mi claro, haciendo una vida común y corriente. Fuera de todos mis pronosticos ella acepto venir hasta aquí.
Luego de un encuentro no fortuito en el metro la invite a mi hogar. Ese quizás era el único panorama que teníamos en común en aquellos tiempos. Cocine algo sencillo, nos sentamos uno al lado del otro en los grandes sillones de mi living y comimos sin intercambiar ninguna palabra mientras escuchabamos The Last Waltz interpretada por un niño de 8 años. De vez en cuando me detenia a mirarla fijamente, pero ella se concentraba en comer, eso era todo lo que hacía, comía. La luz amarilla que se filtraba por el ventanal trasero nos dejaba en una penumbra extraña detrás de la pared.
- Te extrañaba -dije con la mirada fija en la suya.
- ¿Tan latero como siempre? -respondió con una voz fría.
Fuimos hasta mi habitación, llegó visita, compartimos con otras personas y la deje de ver intermitentemente.
Al día siguiente desperté sin poder ver a cierta distancia los objetos que estaban cerca de mí. Pero estaba ella, a mi lado, la veía borrosa, me esforzaba por intentarlo lo mejor posible, pero en vano. Toda la energía tan solo terminó en un dolor de cabeza. Luego de unas horas ella desperto, me saludo, se fijo en mis pupilas dilatadas y al parecer sintió compasión. La ceguera duro todo el día. Tan solo podía tocarla y escucharla, quizás eso fue lo que siempre me basto.
"Si he de vivir que sea sin timón y en el delirio"
20111204
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario