Primera parte: Un Oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento.: El lazo de nuestras vidas pasadas.
Segunda parte: Un Oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento.: El lazo de nuestras vidas pasadas (2)
Desperté con el tiempo en contra, las sabanas aún se encontraban húmedas y los recuerdos no dejaban de darme vueltas. Las cosas no suelen parecer reales cuando todo lo que dentro de ti queda son dudas y misteriosos recuerdos, que nunca quisieron mostrar nada que fuera verdad.
Fui hasta el baño, me vi mis ojos hinchados por la falta de sueño, la barba me había crecido como si hubieran pasado semanas y tal vez lo había hecho, todo lo que me rodeaba poseía un halo de misterio y de seguro si poseyera ese poder que algunas personas dicen tener, ese poder de ver las auras, la mía tan solo sería intriga y escepticismo. Me afeité con una vieja maquinilla desechable, me hice un par de pequeños cortes a lo largo de mi cara, por descuido y el mucho uso de la maquinilla. De todas formas con la misma maquina procedí a cortar mi cabello o por ultimo a rebajar su volumen que no había tocado desde hace ya varios meses y que en la noche parecía haber crecido un par de centímetros más. Por accidente me corté el rabillo del ojo derecho y la sangre no paraba de emanar de la hendidura, corría por un costado y se unía a los restos de sangre de los demás cortes y caían hacia el lavado rápidamente. Tras lavarme la cara, la sangre dejo de salir en su gran mayoría, luego del botiquín saque una venda que coloqué en mi rabillo del ojo.
La tarde se volvía eterna, tan solo fui hasta la esquina a comprar cigarrillos y una bebida hidratante de color azul fluorescente. Su sabor no es lo más maravilloso, pero beber un líquido con ese color me hace sentir como si perteneciera a un futuro distante, a una ciencia ficción que está por comenzar.
Con el ocaso del sol sentí que mi tiempo se desvanecía, la hora mágica llegaba su fin, y de la misma forma un día que no había cambiado nada en mi vida. Decidí levantarme a la fuerza del sofá en el cual estuve tendido toda la tarde y fui nuevamente hasta la estación, esperé pacientemente como solía hacer a alguien pero mientras lo hacía un calor me recorría el cuerpo, los recuerdos, volvían a hacerse presentes y el mundo parecía volverse irreal y así fue como me quede solo en un mundo de rutina.
Volví a mi casa al igual que el día de ayer al cerrar la estación y como si fueran las mismas escenas camine lentamente por la niebla que cubría la noche, esperaba que ella volviera a estar ahí, afuera esperando a que yo llegara, pero aquello no ocurrió. Lo que había ocurrido el día de ayer, poco a poco se iba podrir dentro de mí, iba a ser algo que no se repetiría y solo de aquello podía estar seguro.
Más o menos a media noche decidí salir, con una chaqueta negra con capucha, mis cigarrillos y un gorro de lana negro sin ningún diseño en especial. Caminé dubitativo en cuanto a mi destino por el recorrido que hacia las noches cuando volvía de su casa, crucé un pequeño puente de madera ya casi podrida que pasaba sobre el canal de los desperdicios, pase por un terreno eriazo que antes, cuando pequeño, solía darme miedo por el entumecido silencio que en el residía y la desoladora postal que aquello significaba en medio de tan densa niebla, crucé por los estacionamientos del centro comercial que lucía sus luces de neón en lo más alto del edificio y apenas podían luchar contra la densa niebla que cubría todo. Crucé americo vespucio por una pasarela y contemple la distancia que nos separaba, eran kilómetros de carretera de alta velocidad, intenté hacer un cálculo de cuantos eran si me demoraba más o menos 15 minutos a 120 kilómetros por hora, un ejercicio fácil pero sin duda mi mente no estaba en condiciones para hacerlo. Tras pensarlo mientras fumaba un par de cigarrillos me dispuse a hacer el mismo recorrido que intenté realizar cuando tenía 14 años en bicicleta y que se vio interrumpido por un asalto frustrado hacía mi persona, simplemente no dejé que me robaran las cosas. Caminé por el borde de la autopista de alta velocidad durante unos 45 minutos, hasta llegar a un segundo centro comercial y por ahí cerca de la casa de mi amigo, El extranjero y pensé hacerle una visita, pero de haber sido así acabaría muy tarde mi recorrido y el ir a hablar japonés simplemente no venía al caso. Continué caminando por el borde de la carreta convencido de que las rejas y los pasos bajo nivel que esta poseía me brindarían cierta seguridad en cuanto al entorno, de todas formas las calles estaban completamente vacías y la niebla actuaba a favor para así tampoco encontrarme con nadie.
Supongo que acabé el viaje más o menos a las 4 de la mañana, pero había dejado mi celular en casa y siempre cuando camino el tiempo pasa rápido lo único que me aseguraba que aún era de madrugada era la noche que no parecía querer acabar pronto. Tras pensarlo un rato y ya que no traía mi celular para pedirle que saliera y sabido era que de ninguna forma sería prudente llamar o tocar el timbre a estás hora de la madrugada, me limité a arrojar piedrecillas pequeñas a su ventana, si es que realmente seguía siendo la suya. Al cabo de un rato la luz se encendió y se asomó por ella, al comprobar mi presencia al cabo de unos minutos estaba afuera.
- Sí que tus modales no cambian, estás no son hora para llamar a nadie, siquiera para ti.- no parecía molesta, pero en su cara se veían ojos hinchados.
- Lo siento, no podía dormir desde que desperté hoy, tan solo quería acabar con los cabos sueltos que quedaron de ayer.- intentando ser amable, ya que suponía ser una molestia a estas horas.
- No entiendo de lo hablas, enserio.- su voz era firme y sincera.
- Ayer, más o menos a la media noche esperaste a que llegara fuera de mi casa, luego comimos y conversamos bastante, junto con otras cosas.- me miraba fijamente con un rostro de extrañeza y en silencio, al cabo de unos segundos agregué.- lo siento, parece ser que me confundí un poco, no te alarmes, es solo que ayer me di un golpe fuerte en la cabeza y desde entonces ando un tanto confuso.- mentí y señalé la venda que tenía a un costado del rabillo de mi ojo.
- ¿De verdad no necesitas nada? puedes dormir en el sofá.
- No te preocupes, puedo tomar el bus a mi casa.- saque un cigarrillo desde el bolsillo de mi chaqueta, le ofrecí uno, tras su negativa encendí el mío.- además ya debe ser la hora en que la gente sale a trabajar y el transporte debe andar pasando con bastante fluidez, gracias de todos modos.
- Son más o menos las 5:50 de la madrugada, te acompaño hasta la parada si quieres.- dijo y se dispuso a caminar dejándome atrás, al apurar el paso y al alcanzarla comenté.
- ¿Recuerdas bien cuando fue la última vez que nos vimos?
- Me parece que...- se quedó dubitativa durante varios segundos y agregó - En marzo del año pasado, no recuerdo más. ¿De verdad que ese golpe en la cabeza te dejo tan raro?
- Presumo que fue eso, de otra forma no me explico cómo es que estoy aquí.
- Bueno, aparte de esta extraña visita pareces muy normal, así que supongo que ahora estarás bien. ¿Verdad?- de todas las cosas que podía pensar sobre lo que ella realmente sentía en sus ojos solo se veía preocupación.
- Si, estaré bien, no pasa nada.
Hubo un silencio de más o menos un minuto, bostecé y ella también lo hizo, se veía que a la distancia venía el bus y nos despedimos lentamente con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo. Me deseo suerte y yo le respondí igual y le di las gracias por acompañarme y atenderme aunque fuera tan tarde, no respondió nada.
El bus se encontraba vacío, caminé hasta el fondo y me senté, intente recordar la conversación que ayer entable con ella, pero me encontraba demasiado cansado, derrotado y no podía pensar con claridad.
Dentro del bus desperté a las afueras de la ciudad, me había quedado dormido en el camino de vuelta, fui hasta el conductor y le pregunté hacia donde se dirigía el bus, simplemente respondió "Vamos de vuelta", volví a mi asiento y desde la ventana contemplé el barrio industrial de Recoleta, el paisaje no era lo mejor, pero la soledad de las calles de los barrios industriales los hacen más reales. Pensé en las últimas dos noches que habían pasado en lo extrañas que habían sido y bueno, irreales, todo se había vuelto en un asunto demasiado confuso y cada día que pasaba la falta de sueño se adentraba más en formar parte de mi vida.
De camino a casa me encontré con un gato gordo y negro que me rogaba por comida, lo traje en brazos hasta mi casa y al abrir la puerta lo deje en el piso, él se reusó a entrar por más que lo invitara. Entré en el living y sobre el sofá ella dormía, sin entender nada de lo que realmente estaba pasando fui hasta el baño, me plante sobre el espejo y en mi rostro observé que no quedaba ningún rastro de sangre o corte por la afeitada de ayer, me quite la venda para comprobar el estado del corte en el rabillo, de alguna forma aquello nunca existió o eso parecía, no quedaba ningún indicio de que ahí hubiera habido un corte, solo la sangre que había en la venda, bote la venda al papelero y me duche rápidamente, me vestí con la misma ropa y fui hasta el living y encendí un cigarrillo. Mientras fumaba intentaba explicarme todo lo que había ocurrido, la teoría más plausible que encontraba era la del golpe que sufrí en la cabeza, pero realmente aquello nunca pasó, fue solo una mentira para no quedar como un idiota y la venda era por el corte, corte que tampoco dejo ningún rastro más que la sangre, mi mente no acababa de comprender nada y ahora al observarla dormir en mi sofá, menos comprendía que era lo que ocurría, su ropa era diferente a la de la primera noche y distinta a la de la segunda, pero luego de lo ocurrido no encuentro una forma de explicarlo bien, tal vez no sea ella. La falta de sueño se notó al acabar el cigarrillo e intentando no hacer ningún ruido me acurruque a su lado para dormir. Mientras lo intentaba la abracé y pensé nuevamente; este es el lazo de nuestras vidas pasadas.
"Si he de vivir que sea sin timón y en el delirio"
20110913
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