20110427

Los buenos tiempos.

“Ella jamás volverá, de eso si seguro”.- pensaba Elloy  y nada de aquello se encontraba herrado, si bien existían muchas razones para seguir frecuentando con quien en tiempos de antaño era su esposa (o a lo menos, lo más cercano que ha tenido de eso). 

Bebía una cerveza en el Café escondido mientras en su mesa colocaban una pipa de agua gigantesca. Elloy intentaba recordar como él era antes, volver a fumar tal vez pero había dejado ese hábito un par de meses luego de que comenzara con su noviazgo, bien ahora aquello no importaba, ya habían pasado 18 años y de esos 18 años hace ya dos que su mujer se habría marchado de casa. Ella solía ir de cuando en cuando a visitarlo, pero para ser más exactos a ella solo le interesaba ver a su adorable niñita.

Desde el día en que su esposa lo dejo Elloy comenzó a cambiar poco a poco su rutina y nunca hizo un cambio tan drástico por si ella volviera a verlo, se trataba de esperanza, pero dos años después él había conseguido ya tener un rutina bastante más diferente, ya entonces, se habría acostumbrado a estar solo.

Esperaba sentado en el café a que su reloj marcara las 7:30 y así disponerse a caminar para llegar hasta el liceo de niñas dónde estudiaba su hija, de todas formas aún faltaban alrededor de dos horas, solo y sin amigos las tediosas esperas de este tipo se habían convertido en su nuevo habito y este solo consistía en vagar por entremedio de los diferentes bares que existían en aquel barrio para así colarse en alguno dónde sonara alguna canción que le llamara la atención o hubieran mujeres sentadas en su exterior, aquello simplemente lo hacía para ejercitar su mente, pues por más que una mujer fuese capaz de captar su mirada, el jamás le hablaría y mucho menos pensaba que alguna de ellas intimara él. Elloy un tipo de estatura media, un rostro tosco que aún conservaba bien sus rasgos de joven, donde a duras penas aparecían arrugas. Al mundo poco le interesaba aquello y como todo tipo con carácter débil, el era un individuo de lo más común tal vez, pero jamás normal.

>>Era un tanto evidente, como nos separó la vida de esta forma, como nuestros propios sentimiento acabaron por devorar el ardiente amor.
En momentos como estos me encantaría ir, hacer uso de mis nuevas máscaras y comentarle:
“Hey! ¿Acaso recuerdos los buenos tiempos? Esos días en que todo iba de colores y solíamos tumbarnos en cualquier lugar, pues al fin y al cabo nuestro amor sería eterno.”
Pero sé que de manera amable y un tanto enfadada por aquel comentario  ella se limitaría a responder:
"Ahora vivo nuevos tiempos, tengo a alguien más y la verdad... es que si vivo buenos tiempos"
Veo los buenos tiempos desde una mirada ajena, y al recordarlos, sigo sin comprender ciertas cosas, pero soy un tipo al cual no le importa entender todo y mucho menos el saber cómo fue que acabo todo, el comprender las cosas no va conmigo la verdad y de cierta forma creo que el entender le quita esa magia a las cosas que nos rodean.
Pero tengo un nudo en la garganta y los pulmones hinchados al pensar que los buenos tiempos no volverán y que alguien más se encargó de robármelos<<.

Caminó durante un tiempo por la calles y así llego a buscar a su hija, pero debido a un leve retraso de unos 20 minutos el cual se provocó simplemente por el afán que poseía el camarero del café de ignorarlo y por la falta de carácter Elloy esto tardo lo suficiente para retrasarlo. Su hija ya se había marchado y él lo supo porque su hija nunca es capaz de esperarlo, la verdad es que a ella poco le importa caminar aquellos 30 minutos que la separan de la escuela hasta la casa. Su pequeña hija de 16 años Emma sentía tan poco afecto por su padre y le culpaba de todo lo que ocurría, que debiera ir a aquella escuela municipal, que su madre Rebeca se marchara de su lado y el no poseer cuantas pendejerias quisiera, la suma de estás problemáticas volvió innecesarias las palabras a la hora del desayuno, en las comidas del almuerzo (cuando conseguían coordinar horarios) y durante la once, ella simplemente anhelaba una cosa, cumplir 18 años y marcharse de su lado, pese a todas éstas cosas ella poseía un sentimiento muy grande hacía su padre, aquel sentimiento meramente se limitaba a la lastima.

Ya de vuelta en su hogar Elloy no enfadado sino más bien desalentado, agotado y ya sin ninguna gota de alcohol en su cuerpo, dado que la caminata a un paso apresurado lo había hecho sudar hasta la última de estas, llego a su hogar, se encontró con su hija, la saludo y al contrario de lo que acostumbraba hacer, se quedó en completo silenció sin siquiera intentar averiguar nada de lo que había vivido su hija en el liceo, ella tampoco intento hablar nada, entre menos palabras hubieran en la mesa, mejor.

Ya acaecida la noche, Elloy llamo a su hija y está vino de inmediato como siempre acostumbraba, en sí, ella era bastante rara y nunca comprendió por qué pese a no ser capaz de no esperar durante más de 5 minutos a su padre no lo podía hacer esperar cuando le daba órdenes. Elloy después de divagar en sus pensamientos unos segundos le pidió que llamara a su madre y pidiera que viniera, no lo pensó ni un solo segundo y tan solo lo hizo, luego de terminar la llamada hubo un silencio que solo se rompió tras el leve sonido de un neumático desinflándose, se trataba de la garganta de Emma eliminando el dióxido de carbono que aún permanecía en sus pulmones y se vio sucedido por el leve sonido del burbujeo que producía la combinación de oxigeno que intentaba llegar hasta sus pulmones con la sangre que emanaba de su cuello recién cercenado. Tras liberar delicadamente a Emma, su cuerpo que sostenía desde su barriga se tumbó decorosamente en el piso, Elloy cerró los ojos de la adorable cara de su pequeña hija y la beso tiernamente su nariz, sus ojos, sus oídos y su frente, olfato, visión y mente, lo que más adoraba de ella y sin pensar en el atroz acto que había cometido fue hasta la cocina, siempre tan tranquilo como acostumbraba ser y entre los cajones saco una cuchara y volvió hasta donde se encontraba Emma tras un ring del timbre no dudo más y esgrimió la cuchara hacia su garganta, pensó en lo que le había arrebatado a su ex novia, cayó al piso por la asfixia y luego de tumbarse en una imagen digna, pensó:
“Pues ahora jamás volverá”

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